Mujeres por un San Gil más limpio

Todos los días, excepto los sábados, un grupo de mujeres se reúnen en las tardes o en las madrugadas en algún punto de la ciudad para dividir las rutas e iniciar con sus largas horas de trabajo, limpiando las calles y los parques de San Gil.

 

A paso acelerado, con los implementos de aseo a la mano y con vista fija en la calle, buscan minuciosamente algo, basura, a lo lejos, bajo el radiante sol y a veces bajo las negras nubes.

 

La lluvia en la madrugada, en la tarde o en la noche, no es impedimento para seguir ejerciendo su labor, y prefieren usar sus impermeables, pues la tarea es larga, y deben terminarla pronto.

Se concentran en su trabajo, son rápidas, tendría que pasar algo verdaderamente impactante para que ellas se detengan. Lo hacen porque deben dejar el sector que les designaron limpio, para irse a sus casas, muchas de ellas a estar con sus hijos.

Algunas ya llevan años en este trabajo, y agradecen por tenerla, porque gracias a eso han podido sacar adelante a sus hijos, sostener su familia e incluso retomar y terminar sus estudios secundarios y universitarios.

No les gusta que la gente desagradezca su trabajo, porque detrás de las calles limpias hay un gran esfuerzo físico y psicológico. 

Portan su uniforme y realizan su labor con mucho orgullo. Ellas ayudan a mantener un ambiente más sano y limpio para todos.

“Siempre es bueno recordar que no es más limpia la ciudad que más se barre, sino la que menos se ensucia y que todo depende de la cultura de sus habitantes.” (Diario La Hora).

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